La DO Ribera del Duero se delimitó oficialmente en 1982, pero la tradición vinícola del valle se remonta a la Edad Media: hay viñedos documentados desde el siglo X y la Cofradía del Vino de Ribera del Duero, hoy heredera del Consejo Regulador, tiene continuidad histórica. Es una denominación atípica: ocupa unos 115 kilómetros de longitud del valle del Duero, atraviesa cuatro provincias castellanas, y se concentra en una sola uva tinta principal (tempranillo, aquí llamada Tinta del País).
Lo que sigue es una selección de bodegas para distintos perfiles. Las legendarias (Vega Sicilia, Pingus) son inaccesibles para la mayoría: producción minúscula, precios altísimos, visita por invitación. Las consolidadas (Pesquera, Emilio Moro, Aalto, Pago de Carraovejas) son las que mejor combinan calidad, accesibilidad y experiencia enoturística. Las arquitectónicas (Portia de Foster, Protos de Rogers) merecen visita también por la obra civil. Y hay un detalle administrativo importante: bodegas como Mauro o Abadía Retuerta están geográficamente en plena Ribera pero, por razones de catastro, embotellan como ‘Vino de la Tierra de Castilla y León’ en lugar de DO.