Koh Tao: De vuelta a la isla de Perdidos

Antes de coger el barco, comenzó el diluvio. Y cuando tienes que lanzarte a alta mar durante 7 horas, es, como poco, prometedor. Pero “In Thailand, everything is ok”, y yo, que supuestamente debería haberme despertado a las 5 para salir del ferry, me desperté allá por las 6 y media.

A estas alturas, considero Koh Tao la isla de Perdidos: Si la pisas, es muy difícil dejarla, Y siempre acabas volviendo.

En mi trote hacia la última frontera antes de llegar a La Isla, tuve tiempo de sobra en las 8 horas que estuve esperando al ferry a ojear el Facebook bien a fondo -como no hacía en dos meses- y una de las publicaciones que vi fue sobre un desayuno que no me quería perder. Así que nada más bajar del barco, fue lo primero que hice antes de que emprender la caminata hasta Ihasia en Chalok -porque ni había tuk tuks, ni estaba dispuesto a pagarlos-. El desayuno fue épico.

Y mientras me lo terminaba, apareció el colega que lo recomendaba en su Facebook y me ofreció llevarme en moto. Win! Pero entonces, pasó esto:

Cuando terminó de caerse el cielo, lo de la moto me vino genial -gracias, Endika!- y llegué a la escuela.

Tras un rato saludando a la gente -qué gente tan grande- me las ingenié para dormir en una habitación de niña pero con las mejores vistas de la isla.

<blockquote class=”twitter-tweet”

Actualización rápida: Sigo vivo -en Koh Tao, otra vez- y tal que así. Disfruten. pic.twitter.com/XEi115ME2J

— Txema León (@soytxemaleon) May 12, 2014

</blockquote> Vamos, que muy bien. Y bueno, entre shakes, buceos, charlas de varias horas en el balcón del bungalow y alguna que otra fiesta de la que no llegué a ver el final -escuchando Eskorbuto en Tailandia, vaya tela-, pasaron rápido 5 días.

El último día en Koh Tao

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Y las circunstancias -y el vegetar demasiado, porque ya estaba otra vez en plan fotosíntesis- me llevaron a salir de la Isla que una vez pisas, cuesta dejar. Y siempre vuelves.

Y así se pasan los días

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