TxeMad Max: El peligro de la carretera (Koh Lanta)

Ya sabéis mi historia con Phi Phi. Ya puedo decir que he estado, y que no me ha entusiasmado. Al menos lo he probado de primera mano. Así que ahora toca continuar el viaje hacia otro lado más tranquilo, donde no haya que arroparse cuando en la calle hay 25 grados de noche, y sobretodo que no haga daño al bolsillo. Mis intenciones pasaban por Lipe y Lanta, y la segunda está más al norte que la primera, así que la opción está clara.

Compramos un billete, y al día siguiente, madrugar, montar, y salir. A esta dinámica te haces rápido.

Como os digo, la preparación no ha sido el punto fuerte de este viaje -desde un lugar, pillo un wifi, busco en unos blogs, y decido el siguiente- así que no tenía ni idea de dónde exactamente caía Lanta, ni qué forma tenía, ni qué me iba a encontrar ahí.

El primer punto aún no lo tengo muy claro. El segundo, se ha resuelto fácilmente en el barco, ya que unos plastas te están dando la chapa medio viaje para que vayas a sus resorts -que están, probablemente, lo peor situados que se puede estar en toda la isla, si es que quieres verla entera- y encima, tampoco es que sean chollos, pero bueno, hasta allí que te llevan en taxi desde el norte, eso sí.

Unas argentinas de pocas palabras me chivaron que en Long Beach había alojamientos por 200 Bahts. Chollazo. Pues ya tengo algo que pensar: Cómo llegar allí barato, y encontrar algo.

Por si acaso, estuve rondando alojamientos en Ban Saladan, el pueblo del norte donde te deja el barco. Lo primero que encuentras nada más salir en el puerto… Bueno, lo primero que encuentras es lo mismo que encuentras en Phi Phi: Un montón de vendedores a comisión, taxistas, y conductores de tuk tuk que te dan la chapa para que vayas con ellos.

Lo segundo que encuentras nada más salir a la derecha es la calle principal de Saladan, que es la calle guiri con lo típico: Alojamientos, restaurantes, tiendas, etc. Llegando al final a la izquierda está Saladan Market, que son más tiendas, algunos puestos de comida, y la carretera del oeste que ve aquí su inicio -o su final, como lo queráis ver-.

El primer alojamiento donde paré era un Dorm Room por 350 Bahts. “Dorm rooms no, gracias”. Seguí mi camino.

La calle principal tiene una calle justo detrás, donde hay algunas agencias de viajes, un par de alojamientos, y unas mesas donde una señora majísima cocina unos Big Noodles para chuparse los dedos. Los alojamientos son lo mejor que vas a encontrar, pero eso viene luego, y el restaurante -por llamarlo así- es lo más barato que encontré: 60 bahts por un plato abundante y rico. Comí aquí y viendo el panorama decidí acercarme a Long Beach a ver esas habitaciones por 200 Bahts -que empezaban a sonar demasiado buenas para ser verdad.

“Cuánto por ir a Long Beach?”

“100 Bahts”

“Ni de coña”

“50 Bahts”

“Eso ya me gusta más.”

Monto, voy, me bajo, y busco, y lo más barato son bungalows en tercera fila en una playa que no es ni playa en comparación con lo que hay ahí, por 400 Bahts. Vaya éxito. Conseguí que otro Tuk Tuk me llevara de nuevo a Lanta por 70 Baht.

Y aquí tomé una de las mejores decisiones que he tomado en este viaje: Me alojo en Saladan, alquilo una moto un par de días, y voy y vengo donde me da la gana de esta isla, que total, es pequeña. El público se levantó de sus asientos, aplaudiendo. Qué gran acierto.

Hay tres alojamientos en la calle detrás de la calle principal de Saladan: Green House, 300 Bahts, otro rosa que no recuerdo el nombre y no tenía habitaciones, 280 Bahts, y justo a su lado, sin nombre, en una puerta muy pequeñita, un Tai muy majete tiene un pequeño edificio con 10 habitaciones que las cobra a 250 Bahts, baño compartido, pero wifi gratis. Triunfo, el más barato, con wifi, baño decente, y en Saladan puedo ver tanto el este como el oeste de la isla con todo a mano.

Cuando lo pienso casi no puedo creer lo bien que me salió.

Justo en frente de este sitio, alquilan las motos por 200 Bahts la automática, y está a tres minutos del pequeño restaurante de la señora maja, con el market a un paso.

Dejo las cosas, me engancho al wifi, y a ver qué me encuentro por aquí.

Lo de la moto es imprescindible y un gran acierto: Te mueves donde quieres cuando quieres y enseguida la compensas frente al gasto en tuk tuk. Así que venga, bajo a por una, y la alquilo. Como fianza te piden o el pasaporte o el carnet de conducir, que aquí viene a ser lo más prescindible, y el pasaporte es, junto a la tarjeta de crédito, lo más sagrado entre lo sagrado si es que tienes que largarte.

Me monto en la burra, la miro bien, y giro la llave. Y no pasa nada.

Debo recalcar aquí que la última vez que monté en algo parecido a una bici fue hace al menos dos años y no he montado en moto en la vida.

“No tengo ni idea de cómo se enciende esto”. El tío me la arrancó, acelero y salgo disparado contra el muro de enfrente. Menos mal que freno a tiempo y salvo la vida, la moto, y la vuelta de mi carnet de conducir.

Ya con más calma, acelero despacito y busco mi equilibrio sobre la dos ruedas. El viento empieza a pegarme en la cara mientras poco a poco cada coche, moto, y hasta tuk tuk me pasan por la derecha mientras yo pienso que van como locos. Mi panel indicaba que iba a 30 por hora y yo pensaba en la locura que era una conducción tan salvaje en una carretera que en su mejor tramo es peor que el peor camino de cabras en España.

Además, incido aquí en que si hay una cosa que hago menos que correrme farras salvajes, es correr con el coche.

Qué divertido y qué peligroso, tener una moto en Lanta es la segunda mejor decisión que he tomado.

Datos prácticos

Koh Lanta tiene dos carreteras principales que van de norte a sur: La del este, y la del Oeste. La del Oeste es la primera que tomar porque es donde están las playas. La del este es más selvática y esconde -muy al final- los pueblos de Lanta Old Town y Gypsy Village.

Mientras me hacía con la máquina, voy por la carretera del Oeste buscando las playas y Sunset Viewpoint, que por el nombre promete un atardecer digno de ver.

Sin haberme fijado en el mapa, llego hasta un mercado -que sólo ví el martes- lleno de locales. Dejo la moto y doy una vuelta.

Es curioso porque probé una bolita de noséqué que sabía como a croqueta -1 baht-, algo que parecía un nugget de pollo pero que no era una cosa ni la otra, si no que estaba dulce -1 baht- y -atención- un trozo de pollo Kentucky. Auténtico pollo como el del KFC, pero con sabor a pollo. Qué rico, y 10 baht del ala. pues muy bien.

Me indican que me he pasado el desvío -el único que hay-, que vuelva, lo coja y recto.

Al llegar al viewpoint, muchas construcciones de futuros bungalows tapan la vista y sólo algunos restaurantes te hablan “del mejor lugar donde ver al sol ponerse, con el mejor pescado”. Paso por uno, y me decido a entrar al segundo, que resulta tener una pequeña playa en sus vistas y unas escaleras para bajar a ella. Y ahí sí que sí. Una playita magnífica, medio vacía, y donde pillar el atardecer bien.

Lanta ya me había enamorado.

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