Revisitando historias en Brujas

La primera vez que visité Brujas fue en aquel Interrail de 2007. En mis ojos de viajero novato, fue una experiencia alucinante, un lugar precioso en un viaje fugaz, suficientemente largo para disfrutarlo pero lo bastante corto para tener ganas de volver.

Este 2013 fue el momento en el que volví a pisar este maravillosa ciudad. Con mi madre. Si no sabéis lo que opino sobre viajar con vuestras madres, es que no me seguís en twitter.

<blockquote class=”twitter-tweet”

A pasar el finde en Brujas con mi madre. Si no has viajado con tu madre, es que no la quieres (@ Terminal 2) http://t.co/JMgrnnfkLy

— Txema León (@soytxemaleon) July 19, 2013

</blockquote> Pero vamos a lo que nos ocupa. La vuelta a Brujas no ha sido exactamente lo que esperaba. No sé si es que yo tenía un recuerdo muy idealizado, que fui en una época en la que Brujas es muy distinta, o es que Brujas ha cambiado en 6 años mucho más que yo.

El caso es que Brujas es un parque temático. Muchos guías, muchísimos turistas, y precios de locura. No los precios de locura que puedes esperar en el norte de Europa, sino los precios de locura que puedes esperar en un parque de atracciones donde no puedes ni meter un triste refresco. Y por supuesto, muchísimas tiendas de souvenirs, chocolates que encuentras en cualquier supermercado -y algunos realmente sorprendentes-, y pañitos que pasan por creaciones de la más antigua artesanía belga cuya cajita reza, en pequeño, “Madre in China”.

Pero para hablar de lo malo ya hay muchos blogs, y yo me quiero quedar con lo bueno, que cuando viajas con tu madre y ella es feliz, es porque lo bueno también está ahí.

Brujas es más Brujas a partir de las 6

Esta es la clave: Hay un punto en la tarde en que los turistas de gorra y chanclas con calcetines vuelven a sus cuevas, se refugian tras un día de intensas visitas guiadas precocinadas y observan con atención todo lo que han visto en los panfletos que han recorrido durante todo el día.

Las 6 de la tarde es ésa hora mágica en que la ciudad se vacía. No del todo por supuesto, pero a esta hora queda sólo la gente que se aloja en la ciudad y que no vuelve en tren a Bruselas, Gante, o donde sea que se esconden.

Es el momento de salir, dar un paseo, y disfrutar de la ciudad de un modo más tranquilo, degustar maravillosas cervezas -que por mucho que nos empeñemos, no saben igual fuera de allí, y algunas incluso cuesta encontrarlas fuera de sus fronteras- y conocer gente con algunas historias interesantes que te abordan en algún bar, ya con dos o tres espumosas en el cuerpo.

Dos rincones donde buscar historias

Un viaje es las historias que encierra, y Brujas tiene un par de sitios con los que me quedé en mi primera visita. La ciudad en sí es digna de ser vista, no puedo negarlo, es muy bonita y guarda rinconcitos preciosos donde tomar algo, sentarte a disfrutar del entorno, y hacer algunas fotos que te arrancarán una sonrisa al volver a verlas. Pero donde empiezan las historias es con la gente, y los lugares donde cruzarte con personas y personajes son estos dos alojamientos que tanto me gustaron:

  • Charlie Rockets: Un lugar con una mezcla curiosa y perfecta. Mitad hostel para mochileros, mitad antro motero. Con una premisa como ésta, sólo puedes esperar cruzarte con alguien interesante, ya sea echando un futbolín o tomándote unas cervezas en su barra. No puedes perderte la ingente colección de fotos que cubren cada centímetro de sus paredes. Y a tres minutos de todo lo que quieres ver.
  • De Passage hostel & Gran Kaffee: “Es aquí, hay que entrar por este callejón”. Miras con desconfianza. La entrada al hostel es a través del típico callejón por el que nunca entrarías en una noche oscura, y dentro el ambiente oscuro tampoco tampoco te da mucha confianza. Sin embargo tienen un restaurante magnífico en el que te invitan a la primera al cenar, una carta de 100 cervezas, y unas habitaciones tremendas con vistas a los tejados de la ciudad. Nuestras ansias de probar cerveza nos llevaron a decir -en nuestra ignorancia- “hay que probar al menos 50 de ésas 100”, y tras la segunda “oye, yo ya empiezo a ver ésos 15 escalones como un duro reto”. Los resultados creo que son previsibles.

Es lo bueno, hasta en una ciudad tan turística puedes encontrar lo que hacer, con quién cruzarte, y de qué charlar. Y en una ciudad con un muro en el que tienen más de mil cervezas, el engranaje para socializar es perfecto.

Por último, los “mussels with fries” que te encuentras en todos lados son como los escorpiones en Tailandia. If you know what I mean. Todo lo demás, dónde ir, qué ver, lo podéis averiguar por ahí.

Volver