El recorrido del Valle de Ordesa

Me despuerté temprano y salí del coche con la cámara en la mano. Eché un par de fotos, me desperté un poco, coloqué el saco y arranqué el motor. Salí de allí por el camino que lleva a Hoz de Jaca, directo al Valle de Ordesa.

Por la noche había llovido, mucho, con muchos rayos, que me despertaron un par de veces. Por la mañana parecía que había amainado por suerte, aunque aún chispeaba un poco.

A medida que me acercaba al valle, la lluvia se fue haciendo cada vez más intensa, hasta el punto en el que dejó de merecer la pena hacer el recorrido. El motivo principal del viaje era hacer fotografías, y empezaba a pensar que iba a quedarme con las ganas. Al igual que en los Lagos de Covadonga, al comienzo del recorrido hay un bar esperando a los que van a salir, y a los que vuelven. El camarero aún estaba terminando de abrir cuando llegué y le pedí algo caliente.

En su opinión, la lluvia amainaría durante la mañana. No había absolutamente ninguna razón por la que aquello pudiera ser real, pero decidí hacerle caso y hacer el recorrido ese mismo día. Después de todo, el itinerario estaba bastante ajustado y el recorrido estaba definido para que el Valle estuviera de camino, y volver después significaba perder tiempo y dinero.

Me enfundé las botas con dos calcetines cada una y el abrigo impermeable, y con la mochila al hombro comencé la caminata.

El recorrido es indescriptible, con cataratas sobrecogedoras y algunos puntos donde hacer fotografías es una gozada.

Alrededor de la primera mitad del recorrido es más o menos llano, y fácil. Después, aunque no debes tener una forma física de deportista de élite, si te pasas el día en una oficina sentado en frente de un ordenador empiezas a notarlo, aunque llegar hasta el final no es difícil.

La lluvia poco a poco efectivamente se fue dispersando y me permitió hacer algunas capturas bastante bonitas. El gran angular está hecho para estas cosas. Poco a poco el calor de la caminata te anima a quitarte el abrigo y a preguntarte por qué no habrá hecho buen tiempo desde el principio de la mañana para que no tengas que cargar con tanto peso. En cualquier caso, poco después tuve que volver a ponerme todo el equipo de nuevo.

Esta vez la lluvia caía con fuerza y tuve incluso que guardar la cámara. Durante el camino me perdí algunas de las mejores tomas del recorrido. “A la vuelta” pensé.

Llegando a Cola de Caballo decidí parar a comer. Todo el día me lo pasé a base de barritas de muesly con chocolate y necesitaba algo más consistente. Aquello me tenía enfermo.

Al fin llegué al final del recorrido y pude hacer algunas fotos. Esto era la joya de la corona pero, ¿por qué no ir un poco más allá? En teoría, el recorrido del Valle de Ordesa acababa en ese punto, más allá había una ascensión bastante dura hasta el refugio de Góriz. Ya estaba avisado de que este tramo era bastante duro, pero aún así decidí subir igualmente. Qué inconsciente.

La ascensión resultó ser más dura de lo que pensaba y para colmo las pilas de la cámara me iban avisando de que iba siendo hora de terminar.

Cerca del refugio me quedé sin agua y ya empezaba a tener ganas de sentarme a descansar. Algunas de las personas con las que comencé el recorrido volvían mientras yo aún subía al refugio. Yo ya había asumido que la vuelta sería al día siguiente. En ese momento, la cámara se quedó sin pilas. Qué rabia haberme dejado la batería extra en el coche.

Al llegar al refugio y ver el precio no tuve más remedio que coger sólo el alojamiento, La cena y el desayuno eran prohibitivos, muy lejos del precio de un albergue común, algo natural si pensamos en cómo hay que hacer llegar los productos. Iluso de mí, pregunté si había cobertura, internet, o alguna forma de comunicamre con el mundo. En todo el día no había hablado con mi familia y hasta el día siguiente no iba a poder hacerlo hasta bien entrado el día, seguramente se preocuparían.

Eran las seis de la tarde y yo estaba rendido. Por el camino me había hundido en nieve, había visto animales autóctonos y me había refrescado con agua helada de la montaña. Estaba literalmente agotado, y me eché a dormir para estar bien al día siguiente.

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