Las mejores experiencias vienen de los momentos difíciles

Pongamos que estás en Burdeos, son las 5 de la tarde y tienes que ir desde la estación del tren hasta tu hostal, no sabes cómo llegar y no tienes ni idea de qué tienes que coger. Tras chapurrear un poco de inglés con unos cuantos franceses, te explican que tienes que coger un tranvía, y luego el autobús 55 hasta la parada donde está tu alojamiento. En el bus, el conductor, viendo que las vas a pasar negras, te deja pasar sin cobrarte un céntimo y un par de chavales con pinta de surferos te avisan de que el sitio del que hablas no está en una zona muy buena.

Al llegar, el hostal parece un motel de cops y tu vecino de habitación te mira por la rendija de la cortina mientras pasas. La cosa pinta muy mal. No hay nada que hacer y estás en medio de un polígono donde no sabes qué puedes cenar. Al final encuentras una pizzería estupenda con una terracita con vistas a una charca entre unos árboles.

Esto fue lo que me pasó a mí en mi primer Interrail, donde la cosa acabó felizmente y proporcionó unas cuantas risas los días siguientes.

Aunque en aquél momento no lo pasamos realmente mal, durante mis viajes sí que ha habido momentos realmente difíciles donde no sabíamos qué íbamos a hacer o dónde íbamos a dormir y la cosa se ponía realmente mal. Después de algún tiempo, aquellos momentos constituyen valiosos recuerdos que contar entre amigos. Los mejores recuerdos vienen de momentos que se salen de lo cotidiano, cuando realmente te pasan cosas y te las tienes que apañar.

Viajar es para mí una forma de salir de lo que hago siempre, de experimentar la vida desde fuera de mi vida habitual, y eso me ha llevado a contar con grandes recuerdos.

Tener buenas historias que contar al finalizar un viaje es algo que me encanta. Para ello hay que aprovechar cada oportunidad de salirte de lo que habías planeado e intentar no retraerte por lo que harías comúnmente o lo que marcaba la hoja de ruta.

En fin, si te vas de viaje para que no te pasen cosas, quédate en casa, o en el albergue, pero si viajas, tienes que volver con algo que contar.

Si tienes una buena anécdota que te haya pasado en tus viajes, quiero oírlas. Cuéntamelas.

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