La oscura, cruel, y desgarradora historia de la Moto Maldita

En muchos lugares de Tailandia es esencial la moto para moverte con libertad y de forma más barata.

Koh Tao es uno de esos lugares, aunque es un peligro porque las carreteras son cuestas empinadas, llenas de agujeros, y en muchos casos sin asfaltar.

Esta es la oscura, cruel, y desgarradora historia de la Moto Maldita que alquilé en Koh Tao.

Resulta que después de casi diez días sin moverme prácticamente, y después de haber estado buceando, pensé que ya tocaba moverse un poco y conocer algo más de la isla -Shark Bay, y Tanote Beach principalmente- así que pregunté en IHASIA y me recomendaron JT Travel, el único tío que debe ser medio decente en lugar de timarte tanto como pueda en la isla.

Fui allí, y por el camino me dí cuenta de que había dejado el Pasaporte -que te cogen como depósito, lo sé, mal rollo- en la habitación. Pero sin problema, el tío muy majete me dijo “No te preocupes, te vas con la moto, lo coges, y me lo traes. Pero no corras eh? No hay prisa, conduce despacio y con cuidado”. Casi parecía que sabía lo que el destino me deparaba.

Total que eso hice, fui, cogí el pasaporte, volví y se lo dí, contento de ver cómo se tiraba el rollo. Me enseñó los raspones que ya tenía la moto y los apuntó.

Bueno, me puse en marcha camino a Sai Nuan Beach -“La playa del Banana Rock”- a hacer unas fotos del atardecer. Me pasé de la salida, y al ir a dar la vuelta se me escapó un poco la moto, y al frenar PAF! Primera toña, la moto al suelo, 10 minutos después de cogerla.

Me entraron los siete males y ya estaba agobiado con el tema de la moto. Llegué a la playa, la aparqué, y me puse a hacer las fotos. Súper chulas.

Y cuando volvía, me puse a buscar las llaves. Y no aparecían. Y era de noche. Y no tenía luz. Y volvían a entrarme los siete males.

Buscando en la mochila desesperado sólo pensaba en “Madre mía, aparte de haberme caído igual ahora tengo que dejar la moto aquí y volver andando por esas cuestas. Igual las he dejado puestas”. Pero al llegar había tres motos aparcadas y las llaves no estaban. Un par de franceses me iluminaron con el faro de su moto y también a la llave de la habitación le entraron los instintos suicidas y se cayeron tres veces, pero la recuperé. Lo saqué todo y viendo que la mochila no tenía la llave maldita, lo volví a guardar todo en tropel y de cualquier forma, ya lo colocaría.

Y entonces pasó algo curioso, llegó un chaval con su novia, cogió mi moto, metió la llave, montó a la novia, y se largaron. Y yo pensaba “Me acaban de robar la moto en mi cara, o qué pasa aquí?” Total que me fijé bien en que había una moto que yo sabía que no arrancaba al lado, porque era de un conocido y la dejó cuando fui allí un día anterior. Pero no estaba cuando aparqué.

“Soy idiota, he aparcado más arriba”. Y efectivamente, subí un poco, y ahí estaba mi moto, y la llave puesta. Qué gustito.

Volví a IHASIA, pregunté la hora -porque no llevaba el móvil- y era tarde. Tarde, porque había quedado y ya iba 20 minutos tarde. Total que subí a la habitación pensando en coger la cartera y el móvil, y salir pitando a ver si encontraba a la gente por el camino al restaurante.

Y al sacar las cosas de la mochila buscando la cartera… EL HORROR!!

Os podéis imaginar el cuadro, yo buscando por todos lados y la cartera estaba desaparecida en combate. “Pffff”. Total que a volver por las cuestas, de noche, a buscar la cartera. Estaba tan agobiado que olvidé el móvil para iluminar el suelo. Así que llegué de nuevo a mi aparcamiento pensando “Venga Buda, tírate el rollo”, pero donde saqué las cosas y la cartera no estaba.

Dramático. Me dí la vuelta -con mucho cuidado de no volver al suelo- y de vuelta a la habitación.

Y como os digo, las carreteras son cuestas gigantes, llenas de bache, y muchas veces sin asfaltar. Así que en una de estas cuestas os podéis imaginar… PAF!! Y me dí una toña bien dada y una de mis chanclas salió volando a la “cuneta”, y estaba oscuro, y no había cómo encontrarla. Un chaval paró y me dejó una linterna, por suerte apareció.

Fui a la comisaría -no sin perderme porque para encontrarla tela- donde había un americano -o inglés, o australiano-.

  • “Hola, he perdido la cartera”.

-“Ujum”- sin cambiar el gesto.

-“Quería poner una denuncia”.

-“Ujum”.

Cómo que “Ujum”? Mueve algunos papeles, haz como que tecleas, REACCIONA!!

-“Por si alguien la encuentra y la devuelve”.

-“Eso no va a pasar” -vaya espectativas.

Salió un Tai y empezó a preguntarme por las manchas de polvo de la camiseta, que si me había caído con la moto, que dónde la había alquilado, que cuánto me había costado, y yo ya me estaba poniendo de muy mala leche porque no entendía cómo había llegado para denunciar una pérdida y estaba dándole explicaciones a este tío. Y ya soltó lo máximo.

-“Hoy no podemos hacer nada, pero si pagas blablabla…blablabla…blablabla…” en cuanto habló de pagar mis oídos desconectaron. Mi presupuesto para la comisaría es el mismo en todas las monedas: Cero.

Bueno, el inglés vino a decirme que esa noche no se puede hacer nada, que volviera al día siguiente, y también que necesitaba el pasaporte.

Viendo el éxito, sin cartera, con dos toñas en la moto, y sin denuncia, todo apuntaba a que lo más sensato era atrincherarse en la habitación, sacar un libro y dejar las horas pasar hasta que la mala fortuna decidiese que ya era bastante.

No volví a tocar mucho la moto y cuando lo hice, me dí la vuelta en cuanto había camino de tierra, lo cual limita mucho el alcance al que llegas con ella.

Al devolver la moto, le expliqué al tío que la necesitaba para ir a la comisaría con el pasaporte para poner la denuncia, y por supuesto le pagaba primero. Pero nada, “Toma el pasaporte, pagas a la vuelta”, sí que se tira el rollo no? Bueno al ir, me encuentra el mismo tío, con la misma ropa, en la misma postura que lo dejé la última vez.

-“Hola, perdí la cartera y quiero un police report”.

Sacó un papel sucio y me dijo “Apunta: Nombre, nacionalidad, fecha, blablabla y lo que has perdido”. No creo que este tío quiera decir que esto, que escribo yo, sea el police report que voy a llevarme! Pegó una voz y salió un Tai, y volvió a sentarse. El Tai cogió mi papel, y cogió un folio que al menos tenía impreso unas áreas definidas para los datos, y ya me quedé algo más tranquilo. Empezó a escribir en Tai los hechos.

Mientras tanto, el inglés me preguntó:

-“Dónde la perdiste?”

-“En Sai Nuan, la playa del Banana Rock”.

-“Ahhh… Banana Rock, buena marihuana” - yo no daba crédito, me lo estaba diciendo para sonsacarme si fui a ponerme ciego o es que él se va a poner ciego allí? Al menos, disimula hombre!

-“No sé, yo fui a echar fotos… Cuánta gente sois en esta comisaría?”

Me señaló un poster donde estaban todos los polis de la comisaría.

-“Pero tú aquí no estás”.

-“Yo es que soy del FBI, del servicio secreto” -Se te nota.

-“Oye, pues ya que eres del FBI, he oído no sé qué rumores de que esta isla la maneja una mafia de tres familias y que todo el tinglado lo llevan ellos”.

-“Nada de mafia aquí”- dijo cortante, y entonces recordé que hablaba con un tío que valoraba como “muy buena” la maría de Banana Rock, que no mueve un dedo cuando le dices que quieres poner una denuncia, y que está seguro de que mi cartera está más que perdida y nunca más volveré a verla. Entonces me dí cuenta de hasta qué punto podría estar metiendo la pata.

Salió otro Tai por la misma puerta que el primero, con sólo una toalla a la cintura, cubierto de talco blanco y lleno de tatuajes gritando mientras me miraba fíjamente “YO SOY DE LA MAFIA!!” con un ojo mirando a Koh Lanta y el otro a Bangkok. Menos mal que enseguida me sonrió y conseguí no mearme encima.

Mientras, el informe seguía su curso a mano. Yo ya relajado pensaba en el tío hablando de la marihuana, el tío medio desnudo por la comisaría, el tío escribiendo un metro de letras Tai, y pensaba en lo surrealista de la situación. Me reía por lo bajini.

Me hizo firmar y flipaba porque podía estar firmando lo que él quisiera, pero luego me contó lo que escribió y por los números, parece que era verdad. Así que me fui, no sin que el tipo me dijera “Me gusta Madrid!! Madrid club de futbol! Cristiano Ronaldo!! Barcelona futbol club!!”. Lo tenía todo controlado, le pregunté si sabía el resultado del partido -que no es que me interesara, pero por ser majete-.

Pero aún tenía la moto maldita, e iba a devolverla. El hombre salió con su lista de fallos y empezó a mirar todos los arañazos de la segunda caída. La gorda.

“Uno aquí… dos, tres… cuatro… Ven padentro”. Pffff… Empezó a sumar en la calculadora y 8300 bahts. Se oyó al mismo tiempo un rugido desde mi bolsillo y un “Pop” que hicieron mis ojos cuando se salieron de las cuencas.

“Pero espera, que no es tanto, te lo puedo dejar a la mitad que tengo un amigo que me lo arregla a mitad de precio”. Bueno, entre lo malo… En fin. Pagué con todo lo que llevaba encima. Tenía bastante porque llevaba pastaca para comprar mi billete de salida de la isla, pero ya no me alcanzaba. Le dije que volvería más tarde y compraba el ticket, y todavía me dijo que me llevara la moto si quería pero yo ya me quise deshacer de esa nube negra y me fui andandito.

Así que, esencialmente, he alquilado una moto para perder la cartera, no ir a ningún lado, pillarle miedo a los caminos de tierra, y perder un buen puñado de Bahts. En fin… ¿No va a salir siempre todo bien, no?

Al menos me he llevado una buena historia. O eso me digo mientras escribo esto.

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