Koh Tao, road to Open Water

Koh Tao. He oído tanto, tanto, pero tanto -no imagináis cuánto- hablar de Koh Tao que era una de mis paradas imprescindibles en este viaje.

Lo cierto es que mi primera idea no era aprender a bucear, pero una vez en Koh Phi Phi después de hacer snorkel dije, “por qué no?”. Así que la decisión estaba tomada y aquí me quedaría 4 o 5 días para hacer el Open Water y luego, continuar por el viaje.

Ya he perdido la cuenta del tiempo que llevo aquí, y lo curioso es que no he visto casi nada de la isla. La culpa la tienen nuestros amigos de IHASIA, que si habéis leído algo sobre Koh Tao por ahí, sabréis que todo el mundo les recomienda.

Y no me extraña, aquí tienen un ambientazo montado en plena playa de Chalok. Súper buena gente, comida rica a un paso -literalmente- y los mejores instructores de buceo que te puedes echar a la cara.

El mío es Iñigo, un vasco súper majete que me ha dado toda la confianza del mundo para andar detrás de él bajo el agua. Pero también he bajado con Beltrán, Sergio, y Tony, y son cada cual más crack.

IHASIA

La escuela de buceo, pero no sólo la escuela de buceo. Ésta escuela me la han recomendado un montón de amigos y yo también la recomiendo, no sólo porque aprendes a bucear súper bien, te dan mucha confianza y seguridad a la hora de estar debajo del agua -si lo hacéis y os entra el pánico, pensad que el aire siempre está ahí-. Mi instructor ha sido Iñigo, y a parte de ser un tío genial siempre he tenido la seguridad de que no iba a pasarme nada. Me lo he pasado súper bien bajo el agua.

Pero como os digo, no es sólo el curso. Es el ambiente y la gente, el estar tan agusto que no tienes necesidad de irte a dar una vuelta sólo sino que te apetece quedarte y estar de charleta, coger un Mango Shake y estar contando historietas el día entero y estar siempre de risas. Además yo he cogido el alojamiento encima y hay un restaurante que es de los mismos que el alojamiento, así que aquí lo tengo todo.

La Playa de Chalok

Aparte de tener el alojamiento, la comida, y la compañía, al lado está la playa, lo cual está bien porque apenas te tienes que mover para salir a bucear, o para dar un paseo, o para ir a tomar algo. En el Next Door Bar tienes jarana cada día hasta la hora que quieras, y nunca te va a faltar compañía.

Si avisáis con tiempo, los chicos de IHASIA pueden pasarse a por vosotros, pero si no -como me pasó a mí- podéis buscar un taxi y compartirlo, o incluso subir andando que son unos 20 minutitos de paseo -con la mochila al hombro, eso sí-.

La hamaca

Aquí he llevado lo de tumbarte en la hamaca a leer hasta el extremo. No sé qué brujería oscura tienen que es tumbarte y estar en una burbuja de paz, y con un buen libro -o tres- puedes pasarte las tardes enteras en armonía contigo mismo.

Y así he pasado los días desconectado del modo viaje. Como en casa, entre buena gente y contento de por fin conocer este sitio -no la isla, porque en realidad de ella no he visto casi nada-.

De todos modos, llega un punto en el que te das cuenta de que hay que seguir, ponerse las pilas, volver a despertarse y estar atento a todo, lo cual ya me ha jugado una mala -y cara- pasada.

Mi plan de visitar Chiang Mai y saltar a Laos ha cambiado -por falta de tiempo- a subir Laos de sur a norte y de ahí aprovechar los 15 días de visa por tierra para hacer Chiang Mai, Pai, y si da tiempo, Kanchanaburi y Eradan, y de ahí volver a Bangkok para volver a Madrid.

Así que lo próximo es Laos, y si ya promete de por sí, si consigo montármelo bien va a ser más que espectacular. A ver si Buda me sonríe. Pero mientras tanto, me entretengo volando bajo el agua.

(Las siguientes fotos son cortesía de Sergio)

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