Koh Lanta Este: Old Town, y Gypsy Village

Qué pasa chavalada. Anoche no podía dormir y me he quedado hasta tarde leyendo. Aún así me he pegado un madrugón a las 11 de la mañana, he cogido a mi fiera, y me he ido por la carretera del Este de Lanta a ver qué se cuece.

Y sólo puedo decir que es digno de ver. Si bien Koh Lanta es conocido por sus largas playas -siendo lo máximo Long Beach-, el este no tiene ningún desperdicio: La carretera es una pasada verde, con casi nadie por ella, y muy bonita. Para pillarla hay que girar a la izquierda saliendo desde Saladan Market, y luego a la derecha al ver una caseta que te pretende cobrar por un transporte en barco. Tal vez cuando leas esto ya esté el puente construido, así que si llegas al puente, es que te has pasado.

Pero al grano: Hoy lo que quería era ver era Lanta Old Town y Gypsy Town. De la pirmera, mi expectativa era un pueblecito con pinta de pesquero, casas viajes, y ambiente tranquilo y local. Pero para nada.

Y es que el turismo se lo come todo amigos! He tomado unas cuantas fotos desde el embarcadero, y cuando pensaba en irme, en lugar de eso he decidido seguir por el pueblo un poco más al fondo.

Viajar te enseña sobre la vida, y esta es la lección tan importante que he aprendido hoy:

Siempre hay que ir un paso más allá de donde piensas que está el límite

Qué profundo me pongo a veces. Siguiendo un poco más después del pueblo, están los vestigios de lo que fue una vez, o tal vez lo que era el pueblo en su origen, y luego construyeron lo turístico. Unas cuantas casitas, y al final del todo, un bar que un francés dirige tumbado en su hamaca, leyendo un libro, mientras la gente toma lo suyo y va y viene, que me ha resultado perfecto para una paradita técnica mirando al mar con un batido de fruta.

Tras este gustazo casi me olvido de que aún hay más por ver, y siguiendo al sur he llegado a Gypsy Village, un pueblo de pescadores pequeño y lleno de locales, donde el tema de compras, comer, y alojarse no se deja notar. Y yo que me alegro porque es de las cosas más auténticas que me he encontrado.

Al volver, mi pretensión era encontrarme el mercadito, comprar unas croquetillas y nuggets dulces y bajar a la playa de Sunset Viewpoint a comérmelas, para luego darme un chapuzón. Buscando con la moto no he dado con ello, y es que resulta que debe ser un mercado que sólo está los martes.

Eso sí, me encontré el Mong Bar, un chiringuito que tiene un Tai montado donde arma buenas fiestas los viernes, y que se asegura de promocionar en varios carteles por todas partes.

Y deben armarse buenas porque a la que llego, me recib con una sonrisa enorme, me pregunta que de dónde soy, y me ofrece un porro. 300 Bahts. Liado, eso sí.

Yo alucino con el tema porrer de Tailandia: Muy prohibido, muy vigilado, y como te pillen con ello la lías pero bien, pero el caso es que éste tío me ha contado que la policía casi nunca se pasa y si pasa, se les soborna y fuera.

Y es que In Thailand, everything is Ok!, si lo dicen hasta ellos.

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