Kao Sok, preludio a una venganza kármica

Lanta salió muy bien y tenía que pagar el precio kármico.

Menos mal que me ha salido medio correcto.

El viaje desde Koh Lanta a Kao Sok lo he hecho en minivan. En varias minivans de hecho, primero una hasta Krabi, y ahí -tras una espera que se me ha hecho un rato larga, unos 45 minutos- otra hasta lo que creo es la estación de “buses”, y luego la ya definitiva, que me ha traído hasta Kao Sok.

Y vaya tela. Nuestro conductor a Kao Sok sí que es el auténtico peligro de la carretera. Nos ha recogido, ha hecho unos 500 metros, ha parado a echarse un cigarrete con unos colegas, otro rato de carretera, una parada para comer -él- y ya el último tramo hasta Kao Sok.

Y aquí he hecho el panoli pero bien. Porque en lugar de bajarme en Kao Sok Town, y buscarme la vida para ver dónde dormir, he seguido con el grupete hasta Our Jungle House, un pequeño resort en medio de una vegetación alucinante -desde donde os escribo ahora- que está en lo que a mí me pareció como diez minutos en minivan del pueblecito.

Mi intención era subir al lago del Parque Nacional Kao Sok directamente, hacer noche en unos bungalows sobre el lago que son flipantes, y mañana bajar y continuar mi viaje.

Pero como os digo, tenía que pagar por mis pecados joviales en Lanta, y cuando he llegado a este sitio resulta que los bungalows tienen un precio de 950 Bahts, algo más de 20 eurazos que hacen estragos a mi presupuesto del día. Eso sí, el sitio es un flipe.

Y no acaba ahí, porque lo de subir al lago -el taxista me ha intentado clavar 1500 bahts por una carrera de unos supuestos 600 km- está imposible hoy, así que, por no volverme con el mochilón, por la jungla durante lo que creía era media horaza hasta el pueblo y buscar algo mejor, me he resignado, he pagado los 950 bahts, y he cogido la excursión -que sí que vale 1500 bahts-.

Así que en mi máxima de sacar algo bueno de algo malo, estoy disfrutando del sitio.

Para empezar, está al lado de un río donde me he sentado a intentar justificar que no es tanto, que puedo darme un lujo. Lo he hecho con los pinreles en el río y la verdad es que ahí se está como en gloria bendita, no puedo decir otra cosa. Y para seguir, os escribo desde la entradilla del Bungalow, a oscuras, con el sonido de la jungla y el río de fondo, y ni un sólo motor, grito, u otro ruido que me moleste. Y en cuanto termine me voy a sentar a disfrutarlo.

Para aprovechar la tarde he querido ir al pueblo que, lejos de la media hora andando para la que me preparaba, está a sólo 10 minutejos. Madre mía si lo llego a saber, qué pastuzo me hubiera ahorrado. Así que antes de salir he ido al bungalow, me ducho, me visto, y escucho un montón de truenos. “No tendré la mala suerte de que me caiga la lluvia justo cuando salga”. Pues sí, fue pisar el suelo y empezar a gotear.

Fue terminar la lluvia y seguir adelante. Como os digo, hay 10 minutos de camino. Pues justo en el centro, empieza de nuevo a llover, y mi mejor idea no fue otra que resguardarme debajo de un árbol, justo enfrente de una casa de masajes. Ya sabéis, de esas que tienen tan mala fama.

Sólo diré que la cosa se complicó y me ví en la obligación de entrar a la casa, donde estaba tirada una señora a la que le dije si podía resguardarme de la lluvia. Con voz de camionero pasado, me dijo “SÍ”. Pfff cómo va a acabar esto.

Me siento y miro la tele, una de esas telenovelas Tai que dan para un post aparte. Qué producción, qué planos, qué montaje de fotografía y sonido. En cuanto amainó, me largué de ahí. Corriendo. Literalmente.

El pueblo no es gran cosa, pero al menos sé que tiene habitaciones a 500 Bahts en Jungle Huts -sitio por el que encima, paramos, para más rabia- y un pequeño restaurante a su entrada donde se come a precios razonables con una ración escueta -según se llega a la derecha, no me preguntéis el nombre- y paré a cenar.

Y poco más, los días de traslado no dan para mucho por desgracia, aunque hoy la verdad, me lo podría haber ahorrado.

Pero bueno, seguro que lo de mañana -junto a ése momentazo en el río- compensa esta página del cuaderno, que es para olvidar.

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