Luang Prabang: Las dos caras de la moneda

Luang Prabang ha sido mi prometedor primer contacto con Laos. Y desde que lo ves, mola: Calles limpias, tranquilas, y mogollón de lugares con mesitas en el exterior, música guay, servicio cuidado, y todas las tonterías “boutique” que tanto nos gustan y tan de moda están.

Luang Prabang mola a tope y hasta te planteas quedarte una temporada. Además, por lo que he sabido hay varios negocios que te ofrecen alojamiento y comida -algunos hasta cervezas- gratuitos a cambio del trabajo. Vamos, que te puedes quedar una temporada. si te lo planteas.

La vida nocturna se resume a un nombre: Utopía, un bar escondido entre callejones pero que tiene un ambiente muy guay, es abierto, sus precios no son una locura, tienen cachimbas enormes -aunque sí se van de precio- y lo bueno es que ahí es donde te encuentras a todo el mundo del barco cuando ya os habéis separado y cada uno está durmiendo en un lugar. Vamos, que muy bien. Sólo tiene una pega, y es que cierra a las 23.30 de la noche. Sí sí, a las once y media de la noche, no he escrito mal, y tras esto tus alternativas son ir a discotecas rancias o a una bolera extraña.

Mis noches en Luang Prabang no han sido muy felices, pero me encantó la ciudad. Y es tan auténtica como quieras que sea, porque la calle de al lado de la arquitectura colonial, los locales de música chill, y el rollo boutique, está la zona de los locales, donde toda ésa parafernalia escaparatista se olvida y se vuelve tan funcional como en el resto de lugares. Tampoco faltan los lugares donde perderse, subir unas escaleras y encontrar una zona llena de monjes y figuras de Buda, puentes que cruzas jugándote la vida, y vistas del río con las que alucinar.

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