Esquiar en Port Ainé

Hoy sí. Hoy sí que sí. Hoy nos hemos cubierto de una capa de gloria y la hemos disfrutado como enanos.

Y es que hacer las cosas mola cuando las haces bien. Hoy, estar sobre la nieve ha sido un rato de lo más placentero, tranquilo, bonito, y he disfrutado un montón del paisaje. Como está claro, esto tiene trampa, y es que la tensión del esquí no es tal cuando el paseo por la nieve lo haces con raquetas, que es como hemos empezado el día.

Hombre claro, a ver si os pensáis que en tres días todo iba a ser de color de rosa sobre los esquís.

Hemos empezado el día en el parque nacional Aigüestorstes y Estany Sant Maurici. Sobre la nieve, eso sí, pero con raquetas y despacito, haciendo fotos y disfrutando de un paisaje que te caes de culo cuando lo ves. La nieve se lo ha comido todo y mola mogollón, así que aunque hemos llegado hasta donde los aludes nos han dejado, no ha tenido desperdicio.

Pero bueno como sé que lo que os va es saber si hoy han habido tortazos y roturas múltiples os voy a dar lo que queréis.

Sí han habido tortazos -gordos- y no, no han habido roturas -malditos-. Lo cierto es que después de tres días sobre los esquís la soltura que he cogido es muy respetable -o eso dice mi maestra, que yo la veo muy amiga de edulcorar la realidad-.

También ayuda que el circuito de hoy haya sido una maravilla tanto de ver como para esquiar, en Port Ainé, que ahora voy a pasar a hablaros de este lugar, maravilloso para padres, madres, y frikis -para estos últimos, según nos han contado, pero lo cierto es que no he visto a nadie esquiando vestido de Darth Vader- por una cosa muy sencilla: Tiene un hotel a pie de pista, y un parque para los niños, y pistacas que dan gusto, así que puedes ir con toda la familia, despreocuparte de los críos, y largarte al snow park a darlo todo.

No lo dudes: Dale la patada a tu hijo y vete a disfrutar de la nieve sin remordimientos, que te lo van a cuidar bien.

Además, en una muestra de hombría -o más bien, de competitividad, porque aquí mi compañero de aventuras ha decidido aventurarse- nos hemos atrevido a bajar una pista azul -oh, sielos!-, con “cartil” y “en sombra”. Ojito cuidao. Y aparte de una caída a lo que para mí eran unos 100 por hora, no ha sido nada mofable.

Y como lo que más mola después de un día de nieve es meterte al calorcito, nos hemos ido al Hotel El Castell De Ciutat, que tiene no uno ni tres, sino dos jacuzzis al aire libre y te ponen copazo de bienvenida. Y además, cenaca. No veas si da gusto.

En fin, que hay días que da gusto.

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