Esquiar en Baqueira

Estoy reventado. Hoy nos hemos pasado toda la mañana en Baqueira -ya sabéis, donde le gustaba ir a Juancar y a Felipe con la family- puliendo nuestra magnífica técnica sobre los esquís.

La verdad es que mola ir viendo un progreso tan continuado, yo creo que a finales de semana ya me veo haciendo piruetas y saltos con caídas limpias. De momento lo de bajar como una bala sin frenar y sin caerme lo tengo dominado. El truco es quedarte muy muy quieto para no desviarte ni un milímetro y perder el equilibrio que -no tengo muy claro por qué- tengo en esos momentos. También hago breakdance en la nieve -si es cayéndome o esquiando, lo dejo a vuestra imaginación.

Mañana mis esfuerzos estarán puestos en averiguar cómo frenar en esos momentos, donde por fuera parezco un pro de cuidado pero por dentro sólo reacciono por terror, pavor, e instinto de supervivencia puro y duro.

El casco ha demostrado su valía en varias ocasiones en las que me he ido al suelo estrepitosamente. De momento todos los huesos parecen seguir en su sitio, así que que nadie desespere -Hola mamá!-. La estación en sí tiene unos paisajes que ya estáis viendo, una cosa muy fuera de serie.

Al salir, nuestra ruta estaba sepultada por aludes y se estaba abriendo en algunos tramos en los que pasábamos.

Antes de volver al hotel hemos hecho una parada en el EcoMuseu de Etxerri, que cuenta la forma de vida de ésta zona sobre el 19. A mí lo que más me gustó fue la tienda de artesanía que tienen llena de cachivaches y juguetitos de madera. Me vuelven loco.

Al llegar al hotel Roya hice una entrada triunfal en mi habitación, de algún modo me tropecé y caí en la cama y me atrapó hasta la hora de la cena. El ritmo de esquí lo estoy notando mogollón.

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