Dejémonos de Pamplinas: Me voy a Asia y me voy ya

Deja el móvil, cierra el libro, para un momento. Mira un mapa y elige un destino. Déjate de excusas y compra un billete. Viaja ligero, pero viaja. Emborráchate de vida. Descubre -no es fácil- que no está todo dicho, que quedan islas por conquistar. Hay un mundo ahí fuera pleno de cofres del tesoro; rebosante de secretos, liturgias, amigos, ternuras y afecto.

Buen viaje

Muchos sois los que sabéis -y si no lo sabéis, os lo digo ya- que durante ya muchos -demasiados- años, se me ha llenado la boca con que quería ir a Tailandia. Tailandia esto, Tailandia lo otro, “no, es que para esas fechas pretendo estar en Tailandia”, y así. Y al fin me he dejado de tonterías, y me voy a Tailandia.

Durante este tiempo, las razones, excusas, e intenciones para irme han ido cambiando. Desde las ganas de huir, las ganas de aventura, el probarme a mí mismo hasta el “pero qué pinto yo aquí”, todas han sido diferentes y todas igual de válidas. Tampoco me han faltado las excusas para quedarme: “Tengo toda una vida que tengo que aparcar”, “Ahora tengo otras cosas entre manos”, y la falta -también la ha habido a veces- de irme. Y por supuesto el amor, que da alegrías y razones para quedarse, siempre.

Pero eventualmente todo llega, todo te alcanza y un día sentí que era el momento: tener el tiempo, las ganas -que siempre vuelven- y un dinero que se gasta igual de viaje, que en casa. Y para gastarlo aquí, ¿por qué no gastarlo allí?

Así que después de las mil y una historias -dignas de ser escuchadas, día tras día, a toda hora- de Pak, y los no menos necesarios pero siempre amables empujones hacia lo inevitable de Ignacio, llegó el día de comprar el billete, y ya veremos cómo volvemos, y cuándo.

Lo cierto es que no he tenido mucho tiempo, y sí mucha pereza, de preparar nada. Tengo claro dónde aterrizo -Bangkok- y más o menos sé qué quiero ver. Pero sí todas las grandes historias que he escuchado y leído.

La ruta no es fija, ni sé el tiempo que quiero dedicar a cada parada. Sólo sé que no quiero prisas, ni presión, ni correr -ya veremos si no me toca más de una y de dos veces-, que viajes de esos ya he tenido muchos, y toca un cambio de ritmo.

Lo que sí tengo claro es que quiero saber qué hay ahí fuera, y si puedo enfrentarme a ello. Y si me puedo traer un montón de fotos mientras, pues mejor.

Volver