Carl

Pues resulta que buscando el mercado que me encontré el primer día en Koh Lanta, acabé en el Mong Bar. Un chiringuito montado como un bar de carretera donde hay jarana los viernes, y porros, brownies, y setas, y de todo si le das a la mandanga -como decía El Fari-.

Y estaba éste hombre, Carl, grandote, gordote, con barba de una semana, y dándole al tema, if you know what I mean. Cuando nos quedamos los dos y el barman se me acercó a contarme su vida.

Hay seis millones de formas de morir. Elige una.

Es el vivo ejemplo del Carpe Diem. A sus 45, se quedó sin su trabajo en la construcción en Londres, y le dio por alquilar su piso y entre eso y la pasta de su banco retirarse a Tailandia. Lleva aquí desde diciembre de 2013. Y aunque su plan de vida no es algo que yo quiero para mí, él parecía ser feliz con él.

“¿Qué plan tienes?”

“Ninguno. Venir aquí, emborracharme, y ponerme ciego a diario.”

Y así se le pasan los días, sin más pretensión.

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