Un brindis por el Juevintxo

El Juevintxo, qué bella tradición. En Pamplona es como la excusa perfecta para empezar el fin de semana antes de que éste llegue: una cañeja, un pintxo bien bueno, y un precio ajustadito para que vayamos de sitio en sitio probando distintas especialidades. Pues no es uno feliz en un juevintxo.

Pero bueno, ni todos los sitios son mágicos ni todos los bares hacen juevintxo, así que si vas al ahorro tendrás que pasar por el incómodo momento de preguntar “¿Aquí hacéis juevintxo?”.

  • Los que sí. La gran mayoría, buena oferta, buen ambiente, y bien de gente.
  • Los que sólo con un pintxo que tienen especial para ese día, y aún no me ha pasado que ése pintxo no esté bien.
  • Los que no. Y a no ser que vayas muy justo de dinero, te quedarás también, porque éste tipo de sitios suelen tener unos pintxos gigantes y con una pinta que ni en instagram.

Pero el juevintxo vá más allá. Es poner la calle hasta arriba de gente, de ambientazo, de risas, comer y beber, estar fuera y conocer gente, un jueves. Un jueves que la gente no desfasa tanto y van en un plan más tranquilo a la charleta y a pasarlo bien, porque el viernes -quien puede- hay que ir a trabajar.

El mogollón está en el centro. Sigue a la gente y pregunta a la chica guapa que te encuentres con amigas, o al chico que te echa un ojo cuando estás con tu grupo, que enseguida te verás en el ambientillo.

¡Ay juevintxo! Cómo te echo de menos en Madrid, donde lo más parecido que tenemos a esta joya cultural es el todo a un euro del 100 montaditos, o la tapa barata de la sureña. Que no puedo negar que no me hayan proporcionado buenos momentos.

Pero no es lo mismo.

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